Abordaje por amor
Abordaje por amor
Vi a Read por primera vez en la taberna del puerto de Hastings, un antro en el que al entrar se te pegaban las botas a las tablas de madera encharcadas de ron, y en el que el olor a alcohol, orín y tabaco de pipa te anestesiaba el olfato durante horas. Read estaba en la barra: pantalones de sarga, bandolera de cuero, chaqueta de piel y sombrero. Hablaba ante un reducido grupo que observaba admirado aquel despilfarro de garra y energía. Su seguridad y carisma eran desbordantes. Me enamoré al instante.
***
Un par de chupitos de ron de más nos han llevado al alcázar de un barco abandonado en el puerto. Las velas que nos cubren nos protegen del frío y del salitre. Intuyo que tiene un carácter dominante, pero me da pie a tomar la iniciativa y le quito la bandolera y la chaqueta con ansia. Al bajarle la cremallera de los pantalones, noto que su mirada se tensa. «Puede ser que no sea lo que esperas», me dice. Supe, desde el momento en que vi su rostro bajo la luz tenue de aquella taberna, que le deseaba, así que, sin responder, meto la mano bajo la ropa interior. Nunca antes he follado con una mujer, pero ahora mismo solo sé que deseo lamer cada rincón de su cuerpo, empezando por sus labios carnosos y acabando por su entrepierna. Cuando le desabrocho la camisa descubro que unas vendas le cubren el pecho. Decido suavizar el ritmo, y con cuidado, le pido con un gesto que se siente, le levanto los brazos y la libero de aquellos vendajes que esconden unos pechos turgentes. Los saboreo, primero un pezón, luego otro, y sin poder refrenarme más me dirijo hasta su sexo húmedo y disfruto de darle mi primer orgasmo a una mujer.
—¿Por qué te escondes? —le pregunto cuando terminamos.
—Porque siempre supe que mi destino era ser pirata, solo que tuve la desgracia de nacer mujer, y siempre supe también que como mujer nunca me aceptarían en una tripulación. Aunque parezca irónico, esconderme me ha permitido vivir en libertad, reafirmar mi fuerza y disfrutar de los privilegios que la puta sociedad se reserva para los hombres. Y tú, Anne, ¿no has deseado nunca ser libre? —me pregunta.
—Nunca antes me lo he preguntado —respondo mientras le acaricio el rostro—. Supongo que crecí asumiendo que de las mujeres se espera que cumplan las normas y que no se nos concede el derecho a hablar, a viajar sin miedo al abuso o a pensar más allá de lo establecido.
Se produce un silencio; no uno incómodo. Nada parece incómodo al lado de Mary (Mark Read para el mundo). Finalmente me mira a los ojos y pronuncia las palabras que cambiarán mi vida para siempre:
—Enrólate como pirata. Travístete conmigo y descubramos mundo. Eres fuerte e inteligente, solo falta que te desinhibas y digas y hagas todo lo que nunca te han permitido. No se va a esperar más de ti esta vez.
***
Es cinco de mayo de 1720 y llevamos un año surcando las aguas del Caribe. El año pasado cruzamos el Atlántico. Durante aquellos meses Mary y yo pudimos disfrutar de nuestro romance sin límites. La tripulación nos veía como a dos más, dos piratas con los que podían bromear sobre los saqueos y ataques, beber ron a destajo y hablar con lascivia de las mujeres que nos esperaban en cada puerto. Llegamos a Jamaica en búsqueda de la riqueza de la que nos han hablado en Hastings, pero lo que encontramos al llegar dista mucho de la realidad que nos habíamos imaginado. Barcos de las tropas del gobernador de Jamaica nos rodean en pocos instantes. Oponemos resistencia, pero apenas tenemos margen de maniobra. La mayoría de la tripulación está borracha, esperando la llegada al edén, y solo quedamos Mary y yo. Entonces, un soldado enemigo aborda nuestro navío y viene derecho hacia mí. Mary coge la espada y se dirige hacia él para protegerme pero, durante el forcejeo, otro soldado jamaicano dispara su fusil y Mary cae abatida sobre mí. Lo último que veo antes de ser apresada son aquellos ojos que me han descubierto la libertad.
Esther Muntaner.
Esta última semana, en el Club de Escritores nos han retado a escribir un relato sobre piratería. Ha sido un tema tan recurrente en literatura, que quería escapar de los típicos abordajes y luchas en alta mar. Al final me decidí por investigar el tema de la homosexualidad en la piratería. Este relato es el resultado de dicha investigación, y cuenta, con un poco de fantasía, la historia de dos de las piratas más famosas que existieron. El tema me ha parecido tan fascinante que ya he añadido un par de libros a la lista de lecturas pendientes. Espero que lo hayáis disfrutado tanto como yo escribiéndolo. ¡Por cierto! El relato fue el ganador de la semana :)
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