El valor de ser profesor

    Soy consciente de que esta entrada llega casi una semana tarde, pero también es cierto que hasta hoy no he podido firmar las actas de final de curso, y por tanto hoy ha sido para mí el cierre oficial del curso 2022-2023. Este año ha sido, sin lugar a dudas, uno de los cursos más difíciles profesionalmente hablando desde que empecé como profesora de inglés de secundaria hace ya casi siete años, en septiembre de 2016. La llegada de la LOMLOE ha tenido un impacto brutal en el desempeño de nuestro trabajo y ha traído consigo unas consecuencias a las que todavía estamos intentando adaptarnos. Para mí, lo más complicado ha sido intentar transmitirles a mis alumnos la filosofía del esfuerzo y el trabajo duro desde principio de curso, cuando muchos de ellos llegaron con la idea preconcebida de que no se podía repetir curso, de que era muy difícil suspender una signatura con la nueva ley o de que con un par de trabajitos salvarían el curso. Todo esto, sumado a que acabábamos de salir de casi dos cursos de pandemia, con clases en línea y presenciales combinadas, ha convertido en casi imposible la tarea de promover el esfuerzo y la dedicación constante.

    Por otra parte, la entrada en vigor de la nueva ley ha conllevado una cantidad ingente de papeleo que nos ha quitado mucho tiempo para la preparación de material, diseño de nuevas actividades y, en definitiva, para lo más importante: nuestros alumnos. Por último, aunque no creo que esto sea exclusivamente consecuencia de la LOMLOE, sino más bien de un cambio generalizado en la sociedad, este año he percibido también muy poca confianza por parte de las instituciones y de algunas familias hacia el trabajo que llevamos a cabo los profesores. Son muchos los que han puesto en entredicho nuestra labor, y los criterios y porcentajes de la nueva ley no son más que el reflejo de esta falta de confianza hacia el conocimiento que tenemos los profesores de nuestros alumnos y de su evolución en clase.

    Todo esto ha hecho que a lo largo del curso mis ánimos fueran decayendo hasta el punto de que me llegué a plantear mi validez como profesora y el sentido de mi trabajo. Han sido meses complicados, pero ha habido una cosa que me ha salvado: el calor humano de mis compañeros y mis alumnos. Tengo la suerte de trabajar en un colegio con un claustro de profesores espectacular, algunos de los cuales se han convertido en mi pequeña gran familia. Ellos me han conseguido sacar una sonrisa en los peores momentos, ellos han hecho que volviera a confiar en nuestra labor y me han recordado lo verdaderamente importante de todo esto, más allá del COVID, la LOMLOE y todas las reformas que estén por venir: las personas.

    Por todo ello, hoy me gustaría compartir con vosotros qué es lo que más valoro de mi profesión como profesora:

  • Ser profesora de inglés me permite ver el idioma desde otra perspectiva, analizar las dificultades que su estudio puede conllevar para mis alumnos o buscar similitudes con el castellano o el catalán. Además, me permite transmitirles mi pasión por los idiomas y la cultura en general.
  • Me mantiene activa y creativa. Mi carácter inquieto y perfeccionista me obliga a buscar proyectos interesantes y nuevas formas de aprendizaje e incluso a mejorar mis debilidades.
  • Me permite ser un lugar seguro para ellos. Ser profesor es mucho más que enseñar: los profesores guiamos, ayudamos, escuchamos, gestionamos y, en ocasiones, somos los intermediarios entre las familias y los alumnos, especialmente durante la adolescencia. Para muchos de ellos es más fácil hablar con alguien externo a la familia sobre algo personal, porque saben que no les vamos a juzgar o que no tienen nada que perder. En estos casos, es nuestro trabajo darles pautas para comunicar sus miedos e inquietudes a sus padres o incluso actuar directamente como intermediarios. Y, permitidme que os lo diga, esta parte de mi trabajo es, aunque dura, apasionante.
  • Y por último, tengo la gran suerte de ver crecer a mis alumnos. Algunos de ellos están con nosotros durante toda la secundaria, y la relación que establecemos con ellos es muy especial. Después de todo lo vivido, verlos graduarse en bachillerato, matricularse en un FP o recibir su visita durante sus años de universidad me enorgullece enormemente y hace que todo el esfuerzo valga la pena.

 

Sé que seréis pocos los que habréis leído hasta aquí porque este es posiblemente mi artículo más personal, pero llevaba semanas dándole vueltas a todo esto y necesitaba ponerlo por escrito. Por ellos, per voltros

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